La seguridad también se prepara: prevención, planificación y autoprotección ante emergencias químicas

Una emergencia química no comienza cuando suena una sirena. Mucho antes de ese momento existe un trabajo de planificación, prevención, formación y coordinación destinado precisamente a reducir la probabilidad de que ocurra un accidente y a garantizar una respuesta eficaz si finalmente se produce.

Esta fue una de las ideas centrales de la intervención de Joana Egiluz Ibarguen, viceconsejera de Protección Civil del Gobierno Vasco, durante el curso de verano “Accidentes químicos y seguridad industrial: lo que deberíamos saber”, celebrado el pasado 15 de julio en Donostia-San Sebastián.

Su intervención puso el foco en una dimensión esencial de la seguridad industrial: la relación entre las empresas, las instituciones y la ciudadanía y la necesidad de trabajar conjuntamente para estar preparados ante posibles emergencias.

Durante su discurso, agradeció la iniciativa de AVEQ-KIMIKA, encabezada por Ángela Fernández, así como la presencia de los participantes, instituciones y expertos reunidos en el foro. La ponente subrayó que entre los conocimientos esenciales que la sociedad debe manejar se encuentra la certeza de que detrás de cada planta química opera un intenso trabajo previo: un esfuerzo compartido entre el sector productivo y las instituciones públicas enfocado en anticipar escenarios de riesgo, planificar respuestas, someterse a estrictas auditorías, formar a los profesionales, realizar simulacros constantes y evaluar cada incidente desde el rigor, la responsabilidad y la total transparencia.

La prevención empieza mucho antes de una emergencia

Cuando se habla de protección civil, es habitual pensar en la respuesta que se activa cuando ya existe una situación de emergencia. Sin embargo, buena parte del trabajo se desarrolla precisamente cuando no está ocurriendo ninguna.

La prevención implica anticipar escenarios de riesgo, planificar respuestas, formar a profesionales, realizar simulacros, revisar procedimientos y aprender de los incidentes para mejorar continuamente.

En el caso de las instalaciones industriales sujetas a la normativa Seveso, este trabajo adquiere una especial relevancia. La planificación permite establecer con antelación cómo actuar ante posibles accidentes graves y reducir el margen de improvisación cuando cada minuto puede resultar determinante.

Como lo explicó Joana Egiluz, estar preparados no significa que el riesgo desaparezca. Significa trabajar continuamente para reducirlo y garantizar una respuesta lo más rápida, coordinada y eficaz posible.

Joana Egiluz Seguridad Kimika
Joana Egiluz Ibarguen, Viceconsejera de Protección Civil del Gobierno Vasco

Colaboración público-privada y la red de autoprotección

Un pilar fundamental fue el reconocimiento a la trayectoria de colaboración público-privada desarrollada durante los últimos diez años entre la asociación de empresas químicas de Euskadi (AVEQ-KIMIKA) y el Departamento de Seguridad. Esta alianza ha permitido mantener y optimizar una robusta red de sistemas de aviso a la población ante emergencias químicas.

La ponente recordó que el territorio cuenta con 32 instalaciones clasificadas bajo la estricta normativa SEVESO de nivel superior, las cuales disponen de una planificación específica, los Planes de Emergencia Exterior (PEE), diseñados para pautar milimétricamente las actuaciones a seguir ante accidentes graves. Si bien estos incidentes se perciben como altamente remotos en la práctica, suponen un riesgo real y contemplado, de modo que una planificación exhaustiva deja el menor margen posible a la improvisación en situaciones de emergencia real.

Esta filosofía constituye la razón de ser de iniciativas colaborativas como Seguridad Kimika: mejorar de forma continuada la información destinada a la población residente en zonas próximas a plantas SEVESO, facilitando que comprendan cómo deben actuar y fortaleciendo el tejido de la autoprotección como una responsabilidad compartida entre el sector, la administración y la sociedad.

La confianza pública no se improvisa ni se construye de la noche a la mañana cuando la emergencia ya ha estallado; se edifica día a día mediante información veraz, mensajes claros, explicación de los escenarios de riesgo previsible, comprensión del funcionamiento de los sistemas de aviso acústico (las sirenas) y asimilación de las pautas de autoprotección, donde la rapidez y la precisión en la respuesta operativa resultan determinantes.

Promover espacios de intercambio de conocimiento como este curso de verano resulta esencial, ya que no solo sirven como punto de encuentro para expertos de diversos ámbitos, sino que acercan la información técnica a la ciudadanía a través de un lenguaje claro y comprensible, generando pensamiento crítico, fomentando la reflexión y ahondando en la transparencia.

Una planificación exigente y un modelo de corresponsabilidad

Para cerrar su intervención, Egiluz ofreció una reflexión contundente sobre la preparación general del territorio vasco: Euskadi dispone de las herramientas necesarias para hacer frente con garantías a una emergencia grave, respaldada por una treintena de planes de emergencia exterior en industrias sujetas a la normativa SEVESO y sometidas a revisiones periódicas muy exigentes.

A lo anterior, se suma un sistema de atención de emergencias robusto y operativo las 24 horas del día, los 365 días del año, con el servicio SOS Deiak actuando como garante fundamental de la coordinación transversal entre los servicios de salvamento, los distintos ámbitos de la administración, las empresas y la propia cultura de autoprotección de la ciudadanía.

No obstante, la ponente quiso matizar una idea clave: estar preparados no equivale a asumir que el riesgo es nulo. Estar preparados significa que, en los periodos de normalidad donde no existe ninguna emergencia, las instituciones, las empresas y la ciudadanía trabajan de manera continua para reducir los riesgos y garantizar una respuesta coordinada, ágil y eficaz.

El modelo vasco se consolida así sobre los cimientos de la corresponsabilidad: las empresas asumen su compromiso ineludible con la seguridad industrial, las administraciones públicas velan por la planificación y el auxilio, y la ciudadanía desempeña un papel activo y consciente en su propia autoprotección. 

Una declaración de intenciones que resume el espíritu de un curso concebido para seguir edificando una sociedad vasca más informada, más preparada y, por consiguiente, mucho más segura.

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