“La seguridad industrial no puede entenderse como un elemento añadido a la actividad de una empresa química. Es el punto de partida sobre el que deben construirse la competitividad, la innovación, la sostenibilidad y la confianza de la sociedad”
Esta fue una de las principales ideas trasladadas por Ángela Fernández Fernández, presidenta de AVEQ-KIMIKA, durante la apertura del curso de verano “Accidentes químicos y seguridad industrial: lo que deberíamos saber”, celebrado el pasado 15 de julio en Donostia-San Sebastián.
Su intervención puso sobre la mesa una cuestión fundamental: hablar de seguridad química no significa únicamente hablar de instalaciones, equipos, normativa o procedimientos técnicos. También significa hablar de responsabilidad, transparencia, prevención y confianza. Entendiendo siempre que la seguridad no es un complemento, es el eje sobre el cual debe construirse toda la operación industrial.
La industria química está presente en numerosos ámbitos de nuestra vida cotidiana. Sus productos son necesarios para la salud, el tratamiento del agua, la higiene, la energía, la construcción, la movilidad, la agricultura, la investigación o la transición ecológica, entre otros.
Precisamente por esa importancia, la actividad del sector debe desarrollarse bajo criterios rigurosos de seguridad.

Obligación de la industria y derecho de la sociedad
Durante su intervención, Ángela Fernández defendió que la sociedad tiene derecho a exigir que la industria química sea segura y que el sector debe responder a esa exigencia con hechos. La seguridad, por tanto, no puede limitarse al cumplimiento formal de unas obligaciones: requiere una cultura permanente de prevención y mejora.
“Una industria debe ser segura antes de aspirar a ser competitiva, innovadora, sostenible o internacional”
Este planteamiento resulta especialmente relevante en un contexto en el que la industria afronta grandes transformaciones relacionadas con la descarbonización, la transición energética, la innovación y la reindustrialización. Estos procesos necesitan avanzar acompañados de sistemas sólidos de prevención y gestión del riesgo.
La presidenta de AVEQ-KIMIKA, también destacó durante su intervención que, si bien el riesgo cero no existe. Reconocerlo, no significa aceptar cualquier nivel de riesgo ni asumir que los accidentes son inevitables.
La gestión de la seguridad implica identificar los peligros, evaluar los escenarios posibles, aplicar medidas preventivas y revisar continuamente si esas medidas siguen siendo adecuadas.
Por eso, la prevención no termina cuando una instalación empieza a funcionar. Se mantiene mediante formación, inspecciones, auditorías, simulacros, revisión de procedimientos y aprendizaje a partir de incidentes. La seguridad también implica estar preparados para responder si, pese a todas las medidas preventivas, se produce una emergencia.
La seguridad no se improvisa
En este sentido, la intervención de Fernández insistió en una idea especialmente importante: una emergencia eficaz no se improvisa. Detrás de una respuesta coordinada existen planificación, conocimiento técnico, entrenamiento y sistemas previamente definidos, dentro de los cuales, informar también hace parte de la seguridad.
La seguridad industrial tiene una dimensión técnica evidente, pero también una dimensión social.
Una instalación puede contar con sistemas avanzados de prevención y respuesta, pero la población que vive o trabaja en su entorno también necesita conocer, de forma clara y comprensible, qué riesgos pueden existir y cómo debe actuar ante una emergencia.
Es precisamente en este punto donde cobra especial importancia Seguridad KIMIKA, una iniciativa desarrollada para mejorar la información dirigida a la población próxima a instalaciones industriales sujetas a la normativa Seveso y reforzar la cultura de autoprotección.
Explicar qué es una instalación Seveso, qué escenarios pueden producirse, cómo funcionan los sistemas de aviso, qué papel desempeña el 112 SOS Deiak o qué medidas de autoprotección debe adoptar la población permite transformar información técnica en conocimiento útil.
Y, sobre todo, permite que la ciudadanía esté mejor preparada.
Una seguridad que requiere colaboración
La prevención y gestión de una emergencia química no dependen exclusivamente de las empresas. Requieren la participación coordinada de diferentes agentes: industria, Administración, servicios de emergencia, organismos de control, profesionales especializados y ciudadanía.
Durante el curso, la presidenta de AVEQ-KIMIKA, destacó precisamente el valor de esta colaboración público-privada. Cuando se produce una emergencia, los tiempos, los procedimientos, la coordinación y la claridad de los mensajes son determinantes. Por ello, todo debe estar preparado antes de que ocurra.
La coordinación no puede comenzar cuando suena una alarma. Debe construirse previamente mediante protocolos, formación, intercambio de información y ejercicios de preparación. En este modelo, informar a la ciudadanía tampoco debe entenderse como una fuente de alarma. Al contrario: explicar los riesgos con rigor puede contribuir a generar confianza.
La transparencia permite que la sociedad conozca cómo se trabaja para prevenir los accidentes y qué mecanismos existen para responder ante ellos.
Una cultura que se construye cada día
La seguridad industrial no depende únicamente de normas y procedimientos, también se construye mediante liderazgo, recursos, formación, hábitos, comunicación, transparencia y una actitud permanente de mejora.
Para AVEQ-KIMIKA, iniciativas como Seguridad KIMIKA contribuyen precisamente a consolidar esa cultura, acercando a la sociedad información que permite comprender mejor la actividad industrial y saber cómo actuar ante una posible emergencia.
Porque una industria preparada no es únicamente aquella que dispone de sistemas de prevención. También es aquella capaz de explicar cómo funciona su sistema de seguridad y de trabajar coordinadamente con quienes forman parte de su entorno.
La intervención de Ángela Fernández dejó una idea que resume buena parte del espíritu del curso: no puede existir un futuro industrial sólido sin seguridad industrial. La competitividad, la innovación y la sostenibilidad son objetivos fundamentales para la industria química, pero todos ellos necesitan asentarse sobre una base común: proteger a las personas, al entorno y a las comunidades en las que desarrolla su actividad.
La seguridad, por tanto, no es el último paso de la actividad industrial. Es el primero.