General Química pone a prueba en Lantarón su respuesta ante una emergencia química

El polígono industrial de Lantarón (Álava) fue escenario el pasado martes, 6 de octubre, de un simulacro integral de emergencia química que permitió comprobar cómo responderían la empresa y los servicios públicos ante una situación de accidente grave. Durante algo más de dos horas, General Química S.A.U. puso a prueba sus protocolos de actuación en un ejercicio coordinado por la Dirección de Atención de Emergencias y Meteorología (DAEM) del Gobierno Vasco.

El simulacro reprodujo una situación que comenzó en el interior de la fábrica y que, debido a su evolución, terminó requiriendo la intervención de los servicios externos de emergencia y la activación de los mecanismos de protección previstos para la población del entorno.

Todo comenzó a las 10:30 horas, cuando los sistemas de detección de la planta alertaron de una supuesta fuga de ácido sulfhídrico en una de las instalaciones. El ejercicio contemplaba, además, la presencia de un trabajador afectado.

Ante esta primera situación, General Química activó su Plan de Autoprotección y puso en marcha los recursos propios de la empresa. La brigada interna de emergencias intervino para controlar la situación y atender al trabajador, mientras se adoptaban medidas para llevar la actividad de la planta a una situación segura.

Pero el simulacro estaba diseñado para comprobar también la capacidad de respuesta ante una emergencia que pudiera ir a más. A las 10:45 horas, el supuesto planteó una explosión en una de las instalaciones, con nuevos daños y varios trabajadores afectados. La situación superaba entonces la capacidad de respuesta interna y requería la intervención de los servicios públicos.

Una respuesta que sale de la fábrica

A partir de ese momento, se activó el Plan de Emergencia Exterior (PEE) y comenzó a funcionar el dispositivo previsto para una emergencia que pudiera afectar al entorno de la planta.

La actuación permitió comprobar que la respuesta ante un accidente químico no recae únicamente sobre la empresa. Industria y servicios públicos trabajan de manera coordinada, con funciones diferentes pero complementarias.

Mientras los equipos de General Química continuaban colaborando desde el interior de las instalaciones, hasta la planta fueron llegando efectivos de los Bomberos de la Diputación Foral de Álava, de Espejo y Miranda de Ebro, así como personal sanitario de Osakidetza. La Ertzaintza, por su parte, realizó las actuaciones previstas para garantizar la seguridad y el control de los accesos y del tráfico en el entorno.

En las instalaciones se estableció un Puesto de Mando Avanzado, desde el que se coordinó la intervención de los distintos recursos. Los equipos de emergencia realizaron las labores de rescate y atención de los trabajadores afectados que contemplaba el ejercicio y actuaron sobre los focos de riesgo planteados.

Para Asier Albóniga, gerente general de Operaciones España de General Química, el ejercicio permitió precisamente poner a prueba esa capacidad de respuesta conjunta. «El simulacro es fundamental para testar minuciosamente nuestros procedimientos de respuesta ante un hipotético escenario de accidente químico que pudiera afectar a la población cercana», señaló.

Albóniga subrayó, además, que la seguridad constituye una prioridad para la compañía. «En General Química tenemos un compromiso absoluto con la seguridad de nuestros vecinos y trabajadores», afirmó. En este sentido, destacó que la empresa está sujeta a la normativa Seveso y que «la máxima prevención es una necesidad prioritaria».

El simulacro permitió así poner en práctica una cadena de respuesta en la que cada agente conoce sus funciones y en la que la información compartida resulta fundamental para tomar decisiones.

También hay que saber cómo avisar

La protección ante una emergencia química no termina en la intervención de bomberos, sanitarios o personal especializado. Informar a las personas que se encuentran en el entorno también forma parte de la respuesta.

Durante el ejercicio se activaron las sirenas de emergencia química y se simuló el envío de avisos a teléfonos móviles mediante el sistema 112 Inverso, que permite trasladar información y pautas de actuación a las personas que se encuentran en una zona determinada.

Para Luis Blanco-Urgoiti, secretario general de AVEQ-KIMIKA, la preparación de la población es otro de los elementos fundamentales de la seguridad. «La industria química de Euskadi está sujeta a las normativas en materia de seguridad más exigentes del mundo y trabaja año tras año por reforzar sus sistemas de seguridad», explicó.

Blanco-Urgoiti puso también el foco en la importancia de que quienes viven o trabajan cerca de estas instalaciones conozcan los mecanismos de alerta. «Es muy importante que sepan cómo actuar en una situación de emergencia», señaló, al tiempo que animó a la ciudadanía a prestar atención a los ejercicios de activación de estos sistemas.

En esta misma línea trabaja Seguridad KIMIKA, el proyecto impulsado por AVEQ-KIMIKA para facilitar información sobre los riesgos químicos y las pautas de actuación a la población y a las empresas situadas en el entorno de instalaciones afectadas por la normativa de accidentes graves.

 

Prepararse antes de que ocurra

El simulacro concluyó una vez completadas las actuaciones previstas y permitió revisar sobre el terreno la coordinación entre los diferentes participantes.

Este tipo de ejercicios tiene una finalidad que va más allá de reproducir una emergencia. Sirve para entrenar, comprobar procedimientos y detectar posibles mejoras antes de que sea necesario afrontar una situación real.

La seguridad en una planta química implica, por tanto, mucho más que contar con sistemas de detección o equipos especializados. Requiere planificación, formación, protocolos de actuación y coordinación permanente con las administraciones y los servicios de emergencia.

El propio Albóniga resumió la importancia de este entrenamiento periódico: «Entrenar de forma periódica es la mejor garantía de que nuestra actividad productiva y la seguridad de Álava avancen siempre de la mano».

El ejercicio desarrollado en General Química puso de manifiesto precisamente esa dimensión de la seguridad industrial: una responsabilidad compartida entre la empresa, las instituciones y el entorno. La colaboración entre todos ellos permite que, llegado el caso, cada agente conozca su papel y que los diferentes mecanismos de respuesta puedan funcionar de forma coordinada.

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